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PRESENTACIONES EN VIVO - AÑO 2003

     
     
Festival Sinfo-Prog
La Plata, Argentina
Espíritu
Bs.As. Argentina
Contraluz
Bs.As., Argentina 
Art Zoyd
"Metrópolis-Film Concert"
México
FIMAV 2003
Québec - Canadá
Alas
Bs.As. Argentina
La Superbanda
Bs.As. Argentina
Focus
Bs.As. Argentina
Baja Prog 2003,
México
 

 
Festival Sinfo-Prog, La Plata 2003
(Hexatónica, Baalbek, Ünder Linden, Retsam Suriv). La Plata, Argentina
Por Humberto Luna

El 19 de diciembre de 2003 se realizó en la Sala Costamagna del Centro Cultural La Plata el festival que marcó la reaparición de la prestigiosa banda Baalbek. Junto a ellos se presentaron esa noche otras tres agrupaciones:
Retsam Suriv: integrada por músicos impetuosos y tan jóvenes que sorprenden por su actitud de entregarse a estas vertientes musicales. Su estilo conjuga elementos de rock convencional, soft metal, canciones melódicas y rock progresivo. Es de destacarse el rol protagónico de su tecladista Cristian Di Giorgio. Seguramente en un futuro cercano sobre la base de estudio y trabajo alcanzarán sus objetivos. Esperemos que si sea para sumar sangre nueva al género. www.retsamsuriv.tk

Under Linden: la mayor sorpresa de la noche. Rock progresivo de vertiente sinfónica de primerísimo nivel. La banda integrada por excelentes músicos como Mario Gimeno en batería, Gabriela González en teclados (ambos ex Fahrenheit y Elixir de Pasión),Jorge Dalcin en bajo, Ignacio Scarsella en guitarra y producen música de muy buen nivel, que trepa a niveles de excelencia cuando se suma la participación de Roberto Medina (ex Elixir de Pasión) en violín. El aporte de Medina no solamente es deslumbrante en si mismo sino que permite que la guitarra de Scarcella pueda explorar otros rumbos. Como comentario crítico solo puedo decir que me hubiera gustado que los teclados de Gabriela González contaran con más volumen para así apreciar mejor su trabajo. El resto fue intachable. Espero que pronto contemos con material discográfico de Ünder Linden para así poder ratificar estos comentarios.

Hexatónica: ya son conocidos de esta página. Músicos jóvenes y talentosos: Julian Di Pietro en primera guitarra, Leonidas Porto en segunda guitarra, Juan Gasco en batería, Jorge Obeaga en teclados y Pablo Pulice en bajo. Rock muy elaborado desde el cual en varias ocasiones invaden las fronteras del metal progresivo. En Hexatónica no falta virtuosismo ni poderío. Es más… me atrevo a preguntarme si tales habilidades y energía no los llevan en su impetuosidad juvenil a recorrer en forma permanente los terrenos más complejos y duros y soslayar pasajes calmos y climáticos que tal vez enriquecerían sus composiciones. No sería tan irrespetuoso e imprudente de sugerir cambios en la música de estos talentosos músicos. Sólo es una reflexión que surgió entre unos pocos de los que allí estábamos presentes. Más allá de esta especulación, puedo decir que nuevamente he salido más que satisfecho de una presentación de la banda, que recomiendo escucharla y que espero que a la brevedad cuenten con material discográfico con el que difundir sus grandes aptitudes. www.hexatonica.tk

Baalbek: quienes conozcan su hasta ahora único CD Fata Morgana, reconocerán seguramente la capacidad y originalidad de esta banda. Dos años de ausencia de los escenarios nos hacían pensar que estábamos frente a la disolución de la banda. En esta presentación ratificaron que su calidad está intacta. Integrados por el tecladista Eduardo Gustavino, el magnífico baterista Pablo González, el bajista Fabián Vera, y Gonzalo Romero en guitarra, cada uno de ellos absolutamente sólido en lo suyo. El saxofonista Pablo Clavijo ya no forma parte de la agrupación pero estuvo presente como invitado en los temas del CD. Presentaron además nuevos temas que formarían parte del tan esperado segundo álbum. Como adelanto puedo decir que no defraudarán a los que disfrutaron de Fata Morgana. www.baalbek.8k.com

A manera de resumen, una velada provechosa en la que por un precio accesible pudimos disfrutar cómodamente de buena música. Espero que también haya un Festival Sinfo-Prog, La Plata 2004.

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Espíritu En Concierto:
Teatro ND Ateneo, Bs As, Argentina 10/12/2003
Por Humberto Luna

El miércoles 10 de diciembre tuvimos la oportunidad de presenciar la tan ansiada reaparición de Espíritu. El motivo: la presentación del nuevo CD “Fronteras Mágicas”. En la memoria de los seguidores estaba presente el alto nivel de las actuaciones de la banda en lo que a desarrollo escénico y calidad sonora se refiere. Ambos aspectos alcanzaron y puede decirse, sobrepasaron las expectativas de los presentes. Estética, luces, imágenes proyectadas, y pulcritud de sonido con el volumen justo fueron ingredientes que generaron el marco adecuado para la música de Espíritu. Sobriamente fueron exhibidos los temas nuevos que estuvieron a la altura de lo expuesto en el CD. No obstante, creo que no me equivoco al decir que los momentos de mayor excitación fueron las presentaciones de las versiones de aproximadamente media hora cada una de los clásicos, mi favorito “Libre y Natural” y “Crisálida”, en un equilibrado juego entre el respeto por la obra original y el aporte que la personalidad de los nuevos integrantes podía brindar. Entre los comentarios que escuché del público fue unánime la opinión del excelente nivel de Federico Favrot en el bajo. Descollante también fue la actuación de Pablo Guglielmino quien demostró no solamente sus aptitudes técnicas sino también la garra necesaria para hacer rock. Sabido es que los seguidores de la banda podrían haber deseado escuchara Bergé en el escenario. Sin embargo entiendo que Pablo logró que durante la actuación pocos extrañaran al cantante histórico. Ernesto Romeo hizo ostentación de una parafernalia de teclados analógicos (en varios momentos llegaban a ocultar su figura) que hizo las delicias de los que gozamos con los sonidos setentosos. Personalmente solo me hubiera gustado un poco más de volumen que pusiera más al frente lo suyo en algunos pasajes. Horacio Ardiles en la batería es el integrante sobre el que más dudas recaían, debido a su estilo (y no a su calidad como baterista). Sin embargo, entiendo que salió airoso mostrando adaptación a lo requerido por los temas de antaño. ¡Que decir de Osvaldo Favrot! No es necesario a estas alturas hablar de su calidad técnica o interpretativa, que por otra parte por si era necesario fueron ratificadas en escena. Solo se puede agregar que Osvaldo, como líder indiscutido de la banda, supo darle a cada uno su espacio necesario para que juntos pudieran sonar como un verdadero conjunto de rock y no como una banda de acompañamiento. Emotivos bises entre los que enérgicamente recordaron su participación en La Biblia, versión Ensamble Buenos Aires, cerraron el espectáculo. Espero sinceramente que próximamente tengamos más presentaciones de Espíritu.
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Contraluz: Presentación del CD Ramos Generales
Buenos Aires, octubre de 2003
Por Humberto Luna

Contraluz presentó su nuevo CD “Ramos Generales” en un teatro de mediana capacidad, pero con sus localidades totalmente ocupadas, ante un público conocedor de su trayectoria. Más allá de algunos problemas iniciales de sonido, rápidamente subsanados, el resto del show se desplegó sin dificultades. Es bien conocida la certeza y contundencia de la base integrada por Freddy Prochnik y Néstor Barrio, respectivamente en bajo y batería. También el interesante aporte que hace Jaime en teclados, necesario para apuntalar la vertiente sinfónica de la agrupación. Quien no nos deja de sorprender es el guitarrista Carlos Barrio, con su capacidad para abarcar las diferentes formas musicales en que incursiona la banda. Carlos además se encarga de la flauta, instrumento ineludible en Contraluz. La presentación consistió, como era de suponerse, fundamentalmente en temas de la nueva obra, que fue bien recibida por los presentes, muchos de los cuales aún no habían tenido oportunidad de escucharla. Igualmente los temas de álbum anterior fueron vitoreados por el público. Sin embargo el clima se tornó realmente apasionado cuando ejecutaron dos temas de los años 70s. Una nueva versión de “Americanos” que motivó los esperables comentarios posteriores al show entre los presentes sobre lo mejor o peor que podía ser al compararse con la original. Lo que no dejó lugar a discusión fue la intensa y apasionada interpretación de “La Sarna en el Viento” que desparramó dinamismo y conmovió a todos los presentes.

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 Art Zoyd: "Metrópolis-Film Concert"
Explanada de la Alhóndiga de Granaditas del miércoles 29/10/2003
Art Zoyd: "Metrópolis-Film Concert" (dentro de su participación en la edición 31 del Festival Internacional Cervantino, explanada de la Alhóndiga de Granaditas del miércoles 29 de octubre 2003, en la ciudad de Guanajuato). Gracias a los auspicios del Goethe-Institut Mexiko, la embajada de Alemania en México, el Patronato de la Industria Alemana en México, la Embajada de Francia en México y la Asociación Francesa de Acción Artística.

Por Joe Rocker

Art Zoyd puede estar más allá de cualquier clasificación artística-musical y si fuera posible yo lo pondría como un cuarteto de Transvanguardia y Música Ecléctica sumamente profesional, disciplinado, virtuoso/talentoso, y con buena presencia en el stage al ejecutar su "Metrópolis-Film Concert" en una hermosa noche al aire libre. [Bueno, basta de convencionalismos y entremos en materia con mi estilo habitual] :
Disfrutar al ART ZOYD en la explanada de la Alhóndiga de Granaditas (a un costado del ídem Museo) con su SUPER M-U-S-I-C-A-L-I-Z-A-C-I-O-N al locotrón y viejoso filme del director Fritz Lang llamado "Metrópolis", resulta algo inconcebible y pa´ su mecha estuvo súper bárbaro.
Estos franceses sí que no se midieron con todo ese pastiche sonoro que va desde: R.I.O. music, Space Rock/Electronique, Minimalism, cuasi-Chamber Rock, Techno-Industrial, Concrete Music, Ultra Prog, y unas cuantas más de etiquetas musicales.
Ver esa vieja peli (en pantalla semi-grande) y escuchar la recreación musical a cargo de AZ..., en verdad es algo fuera de este mundo. En esos momentos me sentía que escuchaba fragmentos de music de gente y grupos como: Larry Fast, Univers Zero, The Residents, Philip Glass, David Bedford, Neu!, Musique Noise, Brian Eno & Robert Fripp, Igor Stravinsky, Arnold Schönberg,
Tangerine Dream (etapa Klaus Schulze), Popol Vuh, Current 93, Nine Inch Nails, Pierre Henry, Magma, Kraftwerk (inicios), Jorge Reyes, Cluster, Limbus 3, etc. Y yo mentalmente me alucinaba que estaba como a 2000 años luz de la Tierra, para luego regresarme a Irak (?) en pleno bombardeo con mísiles inteligentes, y más tarde me sentía en un tren derechito al infierno... para inalmente percibir que flotaba en el Nirvana y de ahí me pasaba a la Quinta Dimensión (ja-ja).
Esa ecléctica música duró cerca de 2 horas (o lo que es lo mismo el filme de Lang) y entonces toda la audiencia empezamos a "aterrizar" suavemente; y aunque hubo algunos extranjeros y connacionales que abandonaron el lugar a las primeras de cambio... no faltaron los neófitos valientes (unos 250 -aprox-) que aguantaron toda la apabullante actuación de ART ZOYD.
Cabe mencionar que AZ no paró de tocar un instante y acaso en algún momento con sonido Minimalista de fondo..., tuvieron un punto de reposo con no más de 3 o 4 minutos, para enseguida entrar en forma sumamente estruendosa con bombos, timbales, tambores diversos, campanas, platillos, gongs, etc, etc., mientras que Patricia Dallio y Gérard Hourbette nos ponían los pelos de punta con unos sonidos demenciales con sus teclados, sintes y demás instrumentos de avanzada tecnología.
Como dato curioso diré que la joven Dallio estuvo casi todo el tiempo viendo la proyección en la pantalla y obviamente tocando sus teclados y apretando botones y demases controles dado que nadie traía partituras -mientras- que Hourbette estaba de frente a la audiencia sin siquiera voltear a la pantalla que estaba en medio en la parte trasera del stage. Ah!, del lado extremo derecho estaba Patricia y en una gran tarima como de 1 metro 50 cms de altura detrás de ella estaba uno de los percusionistas; y en el extremo izquierdo se encontraba Gérard y a sus espaldas en ídem tarima estaba el otro percusionista. ¡Siempre tocaron de pie!. Que noche tan memorable...

ART ZOYD:
Jeróme Soudan.- Multi-percusionista ¡grande!.
Didier Casamitjana.- Multi-percusionista y algún teclado ¡otro grande!.
Patricia Dallio.- Teclados, ruidos, samplers y cintas.
Gérard Hourbette.- Teclados, sintes, ruidos, violín (que no vi que usara) y percusión incidental.
Dirección artística y musical: Gérard Hourbette.
Composición: Gérard Hourbette, Kasper Toeplitz, Patricia Dallio.
Director técnico: Phillipe Colpín.
Ingeniero de Sonido: Xavier Bordalais.
Iluminación: Richard Castelli.
Bachline: Arnaud Deresnés.
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FIMAV 2003 - Québec - Canadá
· Diario de un festival ·
 por Norberto Cambiasso
 

Entre el 15 y el 19 de Mayo se realizó la vigésima edición del Festival International de Musique Actuelle de Victoriaville (FIMAV) Veinte años no es poco y mucha agua ha corrido bajo el puente desde su tímida inserción en la escena experimental, allá por 1983. Rendimos homenaje a tanta perseverancia y, de paso, aprovechamos la ocasión para contarte lo que vimos.

Escrito bajo el agua
El filósofo Bertrand Russell se disculpaba por no haber podido obtener todas las respuestas. "El mundo es demasiado complejo, decía, y yo no puedo remediarlo".
No hubo respuestas sencillas en el FIMAV. Pero quienes supieron escuchar habrán vuelto a sus casas con unas cuantas preguntas pertinentes.
Ya desde el número inaugural, la orquesta de Rene Lussier, hubo una que atravesó todo el Festival. ¿Cómo aprehender la relación entre composición e improvisación?
Un noneto que contó con la participación estelar de Fred Frith y la revelación de Liette Remon, violinista de Quebec que se desplaza con idéntica comodidad por las florituras clásicas, los pasajes improvisados y las tradiciones folklóricas de la región.
La disposición instrumental de la orquesta dice mucho sobre la voluntad de Lussier por trascender los géneros: una base rítmica rockera de bajo y batería, cuerdas propias de la música de cámara, bronces frecuentes en el jazz y el aroma folk del violín. Sin olvidar el podorythmie, pedales de madera (hasta donde pude ver) que producen sonidos percusivos semejantes al ruido de una cabalgata y que Lussier y Remon ejecutaron en un dueto memorable. Hubo espacio para la improvisación entre pequeños grupos aunque los músicos tocaban con partitura. Lejos de la solemnidad que suele acompañar a la música escrita, se despacharon con generosas dosis de folklore quebecoise, frases melódicas del jazz y el blues y una saludable impertinencia frente a las convenciones. El sentido del humor sigue siendo marca registrada en los múltiples proyectos de Lussier. Su concierto pareció indicar que, ante la variedad estilística, nuestra pregunta carece de fundamento.

Las Mephista atacan la cuestión desde otro plano. Trío femenino integrado por Ikue Mori en laptop, Sylvie Courvoisier en piano y Susie Ibarra en batería. Una instrumentación extravagante que, en mi humilde opinión, constituyó uno de los highlights del festival. Había visto a las tres en diferentes configuraciones puesto que forman parte del elenco estable de la escena improvisada neoyorquina. Pero no estaba preparado para los niveles de intensidad que alcanzó su set.
Su sonido se construye sobre la base de ideas rítmicas que extreman hasta alcanzar un perfecto contrapunto. Con su ejecución invierten las normas de lo que el instrumento exige. Courvoisier es una pianista suiza de ascendencia clásica que percute las cuerdas interiores del piano y aporrea las teclas con el aplomo de cualquier baterista. Pero sus veloces desplazamientos no están exentos de algún conato melódico y todo en ella transparenta una asombrosa capacidad técnica. Ibarra es una californiana de origen filipino que supo hacerse conocida en su paso por In Order to Survive, el cuarteto de William Parker. Frota los cuerpos de la batería con diversos objetos, promueve texturas que desmienten las limitaciones rítmicas del instrumento y explora la vibración de las escobillas ante los micrófonos. La japonesa llena todos los espacios y sobre la base de su laptop se arma el sonido del grupo. Sospecho que trabajan a partir de graphic scores, aunque en la conferencia de prensa Ikue se mostró reacia a detallar su modus operandi. Comprovisación con ineludible acento downtown, tan diferente de la de la escena holandesa.
Fred Frith sorprendió a muchos con una obra compuesta, ejecutada por el Nouvel Ensemble Moderne bajo la dirección de Lorraine Vaillancourt. No había motivo de alarma para quienes conocían sus proyectos anteriores: Pacífica, para vientos, cuerdas y percusión o Freedom in fragments, la pieza que escribió para el Rova Saxophone Quartet.
Se trató más bien de un grupo de composiciones temáticas que podían ser tocadas como un todo. Si tuviese que mencionar una única influencia, elegiría a Messiaen, en particular por los cambios armónicos que dominaron la noche. Fiel a su costumbre, Frith se mantuvo en un humilde segundo plano, subiendo al escenario para regalarnos algunos sonidos de su guitarra preparada o para dirigir los pequeños espacios de improvisación que fueron también parte constitutiva de las obras. Papeles que se rompen y objetos arrojados al piso puntuaron los desarrollos tonales del ensemble.
Llegué algo tarde al concierto del Rova por una buena causa: un agradable almuerzo-entrevista con Jean Derome. Aunque temo que mis fastidiosas preguntas no lo hayan dejado disfrutar de la comida al pobre Jean.
Me contaron que el primer tema fue una game piece que se benefició de la posición del cuarteto en el centro del escenario, con los músicos enfrentados. Esta disposición comunicativa ha caracterizado la música del Rova durante 25 años y esa tarde se contagió a una audiencia entusiasta e interesada. Piezas de Jon Raskin y Steve Adams convivieron con otras de Larry Ochs. Sabía qué esperar de los cuatro saxofonistas: profesionalismo, concentración, dosificados toques de humor y una calidez que desmiente la supuesta agresividad de tan ruidosos instrumentos. Seguramente no ganarán el trofeo a la experimentación desbocada. Pero fue suficiente para quienes, como yo, sólo aspiramos a escuchar buena música.
Hablando de game pieces Cobra se ha constituido en clásico indiscutible. Pocos han reparado en la influencia del teatro instrumental del argentino Mauricio Kagel, influencia que el propio Zorn se encarga de admitir. Una serie de instrucciones para la improvisación que festeja la experiencia colectiva. Zorn ha sido reacio a publicarlas pero podemos anticipar que se trata de cierto tipo de guerrillas donde quien tiene la gorra toma la iniciativa. La versión 2003 contó con la guitarra de Marc Ribot y la simpatía de Cyro Baptista. Y la magistral aparición de Koichi Makigami en voz, respondiendo a cualquier desafío que le lanzaran los demás músicos. De los diversos intercambios participaron las Mephista, los canadienses John Oswald, Diane Labrosse y René Lussier y algunos famosos como John Medeski y Trevor Dunn. No hace falta abundar en la pieza, dada la extraordinaria -y un poco inflacionada- popularidad que obtuvo en el mundo de la nueva música. Digamos tan sólo que hubo un momento de euforia entre los músicos cuyo significado escapó a la mayoría de los presentes. Es que parece que al fin, luego de innumerables años, el brasileño Baptista aprendió las instrucciones. La anécdota viene a cuento porque sé de muchos que disfrutaron más de la anarquía irresponsable del percusionista que de las ampulosas directivas gestuales del propio Zorn.

Música en la galería
De un tiempo a esta parte las relaciones entre música y artes visuales se han estrechado hasta límites inconcebibles. Lo que en el pasado -pienso en los mejores momentos de Fluxus- constituía una sana tendencia a desmitificar los recintos sacrosantos del arte se ha trocado ahora en un conjunto de aspiraciones prestigistas y vacías. Sound sculptures e instalaciones se acumulan incesantes en galerías y museos. Pero en muchos casos parecen haber renunciado al filo crítico de antaño a favor de una dudosa (y reaccionaria) voluntad de pertenencia al exclusivo y excluyente reino de la high culture.
Como sea, no podían estar ausentes del FIMAV algunos fragmentos de esta estética en expansión. El canadiense Jean Pierre Gauthier presentó sus pequeñas esculturas hechas de materiales cotidianos (fierros, partes de bicicletas, etc.), movidas por unos pequeños motores que manipula desde su propia mesa mezcladora. Lo acompañaron Mirko Sabatini y Vincenzo Vasi en theremin, mixers, computadora y toda clase de aditamentos electrónicos. Con su wall of sound made in Italy lograron mantenerme despierto pero impávido en la trasnoche del jueves. Además las esculturas de Gauthier se movían poco y de manera siempre repetida. Ruido en movimiento pareció ser el concepto pero lo más movedizo fue una considerable parte del público que se apresuró a abandonar el lugar. De lo más flojo del festival.
Distinto fue lo de Laura Kavanaugh y Ian Birse al mediodía siguiente. Una instalación audiovisual conformada por tres pantallas subdivididas en líneas verticales y horizontales. Personas tomadas desde arriba, con imágenes duplicadas e invertidas, que no parecen avanzar aunque están siempre en movimiento. Traducido al oído, con improvisación en tiempo real, escuchamos variaciones acumulativas en la que capas de sonidos y loops se superponen hasta desaparecer. Un continuum sónico generado por samplers y electrónica donde paulatinamente va surgiendo una estructura narrativa. Sobradas citas al arte contemporáneo en las imágenes de Kavanaugh: Mondrian, Warhol, Jim Dine y Carl André entre las que pude descifrar. Y una cualidad ambiental en la música que apela a la perspectiva. El desplazamiento de los sonidos entre parlantes reproduce otro similar de las imágenes en las pantallas. Una agradable sorpresa.

Electrónica a la page
Difícil hablar de electrónica en sentido estricto. Casi todo lo que aconteció en estos días guarda relación con ella. Pero despojada de ulteriores distracciones, como una alquimia pura de sonido -si se me permite decirlo de este modo- brilló en dos de los mejores dúos del festival.
El primero lo ofrecieron el australiano Oren Ambarchi y el canadiense Tim Hecker, a través de una serie de soundscapes que comenzaron en un altísimo nivel para diluírse un poco hacia el final. Con frecuencia se ha comparado al australiano con Keith Rowe. Ambarchi toca la guitarra con considerables silencios entre las notas, un poco a la manera del gran Morton Feldman. Reboza de imaginación a la hora de idear sonidos sin recaer en lugares comunes. Despliega sutileza y buen gusto, sin abusar del volumen ni de los pedales. Y parece muy consciente de que la electrónica no tiene por qué olvidar su propia historia. Interesantes exploraciones climáticas y cuidadosas variaciones de intensidad en los sonidos de la laptop de Hecker.
Lo de las alemanas Anette Krebs y Andrea Neumann es, en sentido estricto, música electroacústica. Algunos dirán que su estética es reduccionista, etiqueta de moda en algunos cuarteles berlineses que explica más bien poco. Y otros se sentirán incómodos por lo que, suponen, implica una aproximación demasiado racional a la música.
Para mí fue magnífico. Anette acuesta su guitarra sobre las rodillas y comienza a probar toda clase de resonancias, acariciándola, pulsando las cuerdas, frotándola con diversos objetos. Andrea toca las cuerdas interiores del piano (Innerklavier en alemán), sin teclas ni armazón de madera. Los sonidos se modifican a través de mixers. Minúsculas superficies sonoras tratadas por amplificación y electrónica. Música del silencio en un universo solipsista, es verdad, pero no exenta de cierta crudeza. Su set exigió una atención desmesurada, pero en un mundo donde reina mediática la falta de concentración, esa desmesura se transforma en virtud.
Como sólo llegué a escuchar la última media hora del set de Tétreault, Labrosse, Xavier Charles y Kristoff K. Roll, la prudencia me impide un comentario.
Un reconocimiento al pasar para Mr. Levasseur, organizador del festival, por su insistencia en invitar a gente como Ambarchi y las damas germanas, aún carentes de cartel en el restringido ámbito de la comunidad experimental. Ojalá se repita el próximo año.

Improvisación: el fantasma de la libertad
Pero también hay estrellas en el complejo territorio de la improvisación. Cuando leí en cartel descripciones como las cinco voces y los cuatro bajos confieso que me asaltó la duda.
Injustificada en el caso de Jaap Blonk, Paul Dutton, Koichi Makigami, Phil Minton y David Moss. Conocía al canadiense Dutton por sus Mouth Pieces y a Moss tuve ocasión de verlo en el contexto del festival Experimenta en la ciudad de Buenos Aires. Y nadie que se interese por el asunto puede ignorar al británico Minton. A Blonk lo sigo desde hace algunos años debido a mi interés por la sound poetry. Y el japonés fue una agradable revelación. Cinco estilos diferentes dieron como resultado un concierto espléndido, con sus voces como único pero admirable ingrediente. Una improvisación disparatada y genial, repleta de sentido del humor. Dutton fue quizá el más duro, un tanto proclive a tomarse el asunto con demasiada seriedad. Pero le cabe el mérito de haber sido el ideólogo de esta reunión. Blonk es extraordinario, un terremoto gestual que saca de su boca sonidos impensados. Alguien que parece dominar con facilidad el entramado laberíntico de las vanguardias de este siglo. Moss jugó un papel entre torturado y desorientado con maestría y una bienvenida liviandad. Minton se apoyó en las cualidades dramáticas de su voz para lucirse en parlamentos sin sentido. Su presencia abajo del escenario fue tan hilarante como cuando estuvo arriba. Cada vez que lo cruzaba en salas y pasillos me hacía reir con ganas, con ese wit británico que maneja como nadie. Además, siendo alguien que arrastra varias décadas de impecable carrera, posee una saludable repugnancia ante las miserias del estrellato, enfermedad tan contagiosa en las músicas no convencionales como en el rock. Lo de Koichi fue de una ductilidad asombrosa. Capaz de adaptarse a cualquier registro, confesó en la conferencia de prensa que, dado su escaso conocimiento del inglés, muchas veces se perdía las instrucciones. Lo cual aportó aún más al pequeño teatro del absurdo que los cinco montaron durante un par de horas.
No fue tan afortunado el encuentro estelar de cuatro contrabajistas en homenaje al recientemente fallecido Peter Kowald. Barre Phillips tuvo la mejor actitud, tratando siempre de escuchar a los demás y tocando sólo cuando lo consideraba necesario. Veterano en las lides de la improvisación, su oficio no alcanzó para salvar el concierto. Joëlle Léandre pareció perdida en interminables arrebatos virtuosistas. Y William Parker estuvo ausente, como agobiado por esa puesta en escena un poco ampulosa. A la mañana siguiente me confesó que no estaba interesado en esa suerte de superproducción. El sólo quiere tocar para hacer felíz a la gente. Tetsu Saïtoh reemplazó a Barry Guy (ausente con aviso) y acompañó lo mejor que pudo. Nunca hubo comunicación real entre los músicos. Simplemente replicaban lo que alguno decidía iniciar. Por más que todos sean prodigiosos con el instrumento, el rango sigue siendo limitado y la capacidad técnica será siempre condición necesaria pero nunca suficiente. Demasiado ego y poca sustancia.

En el firmamento de las estrellas
Tres en el rubro supergrupos. La versión eléctrica de Masada sonó como una aplanadora. La particular interpretación que Zorn hace de sus raíces judías se ha convertido en un work in progress que abarca los últimos diez años de su carrera. Versiones acústicas y eléctricas en todo tipo de fomaciones. Brilló la guitarra de Marc Ribot, y los teclados de John Medeski y Jamie Saft concedieron al grupo un espesor melódico que interactuó bien con los intempestivos arranques del saxo de Zorn. Un fantástico cruce de klezmer, jazz y rock. ¿Quién dijo que la música progresiva está muerta? Hubieran sido una banda monumental durante la década del '70.
Si de free jazz hablamos hay que mencionar los tríos de Peter Brötzmann y Evan Parker. Hace ya un tiempo que el saxofonista alemán viene tocando con la mejor base rítmica del momento bajo el categórico nombre de Die like a Dog. Me refiero a William Parker y Hamid Drake. Por el lado de Evan, lo acompañaron el baterista Paul Lytton y Alex von Schlippenbach en piano. Este último reemplazó a Barry Guy y rompió con la idea de dos tríos con instrumentación simétrica.
Díficil describir la intensidad de esta música. Comenzaron a todo trapo como sexteto para ir desplegando una telaraña de minúsculas colaboraciones. Hubo espacio para que cada trío hiciera lo suyo, hubo un dueto memorable entre Drake y W. Parker y un solo del propio Parker. Intercambios entre los dos saxos y el contraste entre dos estilos percusivos tan diferentes como efectivos. Hasta una participación felíz de Brötzmann en tarogato y la dinámica impenitente de von Schlippenbach, quien debió hacer el mayor gasto. Incansable, preparaba su piano y ejecutaba furiosos y veloces fraseos. Podríamos hablar de dos tradiciones distintas de improvisación, la europea y la del lower east side, del soplido desencadenado de Brötzmann o las iluminadas percusiones de Drake, de una tendencia más preciosista en el trío de Parker y otra más sanguínea en los Die like a Dog. Todo inútil. Se trató de Música con mayúsculas y el público deliró con el concierto. Cómo culparlo si fue la hora cumbre del festival.
Una Big Band rockera, integrada por los miembros de Fantomas y The Melvins, cerró el último día. Lleno total en el Coliseo y un ambiente más joven para una performance despareja. Se entendían bien entre ellos pero pasaban sin transición de ideas brillantes a momentos de una estupidez conmovedora. Me quedé hasta el final esperando alguna cosa que nunca llegó. Mucha energía hardcore carente de dirección. Por supuesto, mi opinión dista de coincidir con la euforia de esas mil almas que poblaron hasta el último recoveco en continuo estado de éxtasis.

Síntesis apretada
Hubo más. Entre lo destacado, Nous percons les oreilles, el proyecto familiar de Jean Derome y Joane Hétu. Vientos, voces y objetos diversos para una presentación lúdica, plena de calidez e imaginación. Un soplo de aire fresco entre tanta solemnidad festivalera.
También The Remote Viewers, un desprendimiento de los B-Shops for the Poor que suena como un cruce entre Urban Sax y Portishead con rigurosa estética de la República de Weimar. Bases sampleadas, algo de scratching, la voz de Louise Petts y saxos que tocan al unísono o se abandonan a interesantes contrapuntos.
Y un quinteto de improvisación donde se destacó el koto de Kazue Sawaï y el drum bass de Le Quan Ninh, capaz de arrancar sonidos originalísimos a tan restringido artilugio.
Prescindí del recital de Sue Garner (la había visto dos veces en el último mes) y del de Kid 606. Agotado, también renuncié a un par el último día. Y me fui a los cinco minutos de la presentación de Peaches con una mitad de Pansonic (Mika Vainio no pudo llegar). Volumen al máximo y la dama del electropunk que sube al escenario y comienza a arengar a la multitud. Fue demasiado para mi paciencia.
En definitiva, un saldo favorable para un festival pionero de la música experimental e improvisada.

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Alas
Teatro El Ateneo, Buenos Aires 20/08/2003
Por Hctor Raso

El aguardado regreso de Alas a los escenarios argentinos, luego del debut en EEUU pudo llenar todas las expectativas. La formación original con Gustavo Moretto en teclados, Carlos Riganti en batería y Alex Zucker en bajo incorporó como miembro al guitarrista Moretto y contó como invitados con Néstor Marconi en bandoneon y quien fuera miembro de la segunda formación Pedro Aznar en voz y bajo. Si pudiera trazarse una línea que recorriera la trayectoria entre la música demostrada en los dos álbumes de la banda, la prolongación de esta curva imaginaria probablemente desembocaría en la musica que nos mostró Alas en el Teatro Ateneo. Difícilmente catalogable, con elementos de rock, jazz, música erudita y tango, tal vez la mejor forma de definirlos dentro de un estilo es hablar de música urbana de Buenos Aires. En estos años Moretto ha perfeccionado su técnica y seguramente también sus conocimientos musicales. No vimos arsenales de teclados sino simplemente un piano en el que el líder de la agrupación desplegó su enorme capacidad. Casi ni se extrañaron los sintetizadores, debido a lo atractivo de las remozadas versiones y la energía que se pudo desarrollar desde este formato más acústico. Riganti mostró su ductilidad incluso empleando elementos percusivos bastante poco ortodoxos como ollas de cocina. Alex Zucker sólido, impidiendo agujeros en la música, pasando al frente con su instrumento cuando se lo requiere. No mostró actitudes de celos al ingresar Pedro Aznar, muy por el contrario se mostró muy complacido por su actuación demás de secundarlo con su bajo en algunos pasajes. El nuevo integrante, de quien sospecho tiene una formación clásica y un afición por el jazz se mostró a la altura de las circunstancias y a pesar de su bajo perfil escénico atrajo las miradas en varios pasajes del show debido a su capacidad como instrumentista. Un párrafo aparte merece la actuación de Néstor Marconi, quien lidero con su bandoneón en varios segmentos del show. La actuación como invitado de Pedro Aznar, quien en su momento reemplazara a Alex Zucker en el bajo en la ultima etapa de la banda y que participó del segundo álbum se limitó a actuar como cantante y bajista en unos pocos temas, que alcanzaron para demostrar una vez más cual es la sobrada capacidad de Aznar en su instrumento. Es lógico que a fuerza de nostalgia sean los temas clásicos los que más motivaron al público, sin embrago el hecho importante es que el ofrecimiento de nuevos temas abre la esperanza de contar con un nuevo trabajo discográfico de la agrupación.

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La Superbanda
Teatro e El Ateneo, Buenos Aires, 22/08/2003
Por Humberto Luna

Dos días después de la presentación de Alas en el Teatro ateneo de Bs As se pudo disfrutar en el mismo escenario del debut de la Superbanda. La agrupación integrada por Héctor Starc (Aquelarre, Tantor), Edelmiro Molinari (Almendra, Color Humano), Black Amaya (Pappo’s Blues, Pescado Rabioso) y Ciro Fogliatta (Los Gatos, Sacramento, Polifemo, Espiritu), constituye un verdadero seleccionado de músicos del rock argentino de los 70s. Con más espíritu festivo que nostálgico (detalle no menor) ofrecieron un repertorio integrado por viejos éxitos de cada una de las agrupaciones a las que pertenecieron. Héctor Starc tomó el rol de “frontman”, y no escatimó energía a lo largo de todo el show. Cantó y toco la guitarra con la actitud de absoluta entrega que le es característica. Se ocupo de cantar los temas de Aquelarre, cuyas versiones fueron casi parejas con las que la mítica agrupación tocara en el momento de su reunión a fines de los 90s. Muchos de los temas de Los Gatos, Pescado o Polifemo también fueron vocalizados por el guitarrista. Fogliatta, además de cantar algunos temas, únicamente toco el Hammond, haciendo las delicias de quienes gozamos de este instrumento. A Amaya se le notó una felicidad desbordante, equiparable a la consistencia de sus golpes. Edelmiro Molinari, que se ocupó del bajo en la mayor parte del show, tomó su guitarra en los temas de Almendra que eran de su autoría (Mestizo, Color Humano) y el los que pertenecen a su proyecto de los 70s Color Humano. Allí fue que su figura creció enormemente para protagonizar algunos de los momentos más emotivos de la noche). El éxito de la presentación, con un teatro completo y gente que se quedó afuera podría ser un motivante para la permanencia de la agrupación y tal vez para el registro de material discográfico. Esperemos que la historia de la Superbanda continúe.
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Focus en Argentina
Teatro Astral, Buenos Aires, 25/03/2003
Por Humberto Luna

La debacle económica de Argentina hace que la visita de bandas extranjeras sea infrecuente en la actualidad, por lo que se aguardaba con ansiedad la llegada de una de las bandas de primera línea en la historia del progresivo. Los comentarios que llegaban de la gira auguraban una presentación de lujo. Se decía que la presencia de Akkerman no se extrañaba y que el nivel de Thijs van Leer estaba intacto. Por lo que pudimos ver y escuchar puede determinarse que esos comentarios eran válidos. Luego de la presentación, en mi opinión, de alto contenido técnico pero bajo sustento artístico de Diego Mizrahi, se presentó Nexus. No es ninguna novedad la gran calidad interpretativa de los miembros de la banda, pero tampoco lo es una cierta falta de originalidad en su propuesta. Seguramente nos encontraríamos ante una excelente agrupación si dieran rienda suelta a la personalidad que demuestran en algunos pasajes. Como hecho adicional puede decirse que los cantantes invitados no estuvieron del todo a la altura de las circunstancias. Finalmente subió al escenario Focus. La banda conformada por el histórico Thijs van Leer en teclados y flauta, Jan Dumée en guitarra, Bobby Jacobs en bajo y Bert Smak en batería ofreció un repertorio en el que aparecieron temas de todo su historial, sin que falten los grandes clásicos como Hocus Pocus, Sylvia, Harem Scarem, La Cathedrale de Strasbourg, etc, entre los que se intercalaban algunos temas de su nueva producción “Focus 8”. Luego de las exhibiciones previas, la imagen espartana de Focus con van Leer con un solo teclado, un órgano Korg, una reducida batería y el empleo de una sola guitarra, provocó un enorme contraste. Solo que este contraste también se dio en el nivel artístico. Focus, evidentemente sabe sonar “progresivo” con muy poca infraestructura. No es mi deseo apologizar sobre la utilización de pocos recursos, sino remarcar la enorme calidad de estos músicos, más allá de algún error en el guitarrista (sobre el que caía toda la atención por ser el “reemplazante” del enorme Akkerman) y de la imposibilidad de Thijs de tocar la flauta por una parálisis facial, lograron emocionar a la audiencia por su entrega y condiciones. De a momentos creía que el tecladista se abriría el pecho para entregar su corazón a la audiencia. Salieron repetidamente para los bises y eran tantas las ganas que volvieron a salir cuando el publico casi había emprendido la retirada. Definitivamente grandes estos músicos merecen llevar como galardón el nombre de Focus, la banda que tanto nos brindó en los años 70s.
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BAJA PROG  2003
por Juan Barrenechea

El Oasis del Rock Progresivo en Latinoamérica
El tiempo vuela, sí, no cabe duda de aquello. Y aunque me negaba a creerlo, ya estaba nuevamente en Baja California. Un año había trascurrido fugazmente y para mi regocijo, y el de muchos, estaba caminando por tercer año consecutivo por la calurosa Mexicali, adornada como nunca para la celebración de su centenario.
Un pendón inmenso en el Teatro del Estado daba cuenta del tremendo cartel que Baja Prog ofrecía este año. Más cosmopolita que nunca, la séptima versión del festival incluía representaciones de 14 países distintos, todo un hito a nivel de organización y que no viene más que a confirmar que Baja Prog es el verdadero oásis del rock progresivo en Latinoamérica.
La fiesta comenzó el martes 04, con la tradicional fiesta de recepción en casa de Alfonso Vidales. Un verdadero festín de comida tradicional mexicana, a la que se sumaba la interacción de cientos de amigos, cuyo hilo conductor de conversación no era otro que la música sin límites.
Se abren los fuegos
El miércoles todo estaba preparado para el primer encuentro con el prog. Los encargados de abrir los fuegos de este año el Centro de Convenciones del Hotel Araiza fueron los mexiquenses de Gallina Negra, que en cierta forma, es la prolongación del grupo Similares y Conexos.
La propuesta de este verdadero combo es algo así como fusión, con muchos elementos folclóricos de México y de rock progresivo. Quizás antentó contra ellos el ser la primera banda en actuar y sin el "ambiente" encendido de las jornadas siguientes. A pesar de ello, su estilo fue bien recibido por el público. Los interesantes diálogos entre el violín de Mariana Callejas y el bajo de Alberto Salas fueron lo más distintivo del grupo.
Ya en la tarde, la cita fue en el Teatro del Estado, Ars Nova fueron las encargadas de iniciar la jornada. Habían muchas expectativas puestas en el trío de japonesas, quienes desde el primer minuto conquistaron a la audiencia que repletó el recinto. Lideradas por Kaiko Kumagai, las Ars Nova mostraron un interesante recorrido por su extenso repertorio, incluyendo cortes de sus fabulosas piezas "Goddes of Darkness" y "Android Domina", entre otros. Un verdadero bombardeo de sinfonismo en el que destacó Naoumi Miura, la nueva tecladista. Una hora 15 minutos de un espectáculo de gran nivel, tanto visual como auditivo, aunque debo reconocer que después del quinto tema se me hicieron un tanto planas.
Posteriormente, le tocó el turno a los dueños de casa, Cast, una de las bandas mexicanas más reconocidas en la escena progresiva mundial. Pese a sufrir varios cambios de line up en el último tiempo, el quinteto liderado por Alfonso Vidales demostró su vigencia con "Al-bandaluz", su último trabajo en estudio, cuya principal novedad radica en la inclusión de 3 nuevos miembros: Francisco King (batería), Carlos Humarán (guitarras) y Flavio Jiménez (Bajo), sabia joven que ha impreso un nuevo sello al sinfonismo de Cast, y a los cuales se suma Pepe Torres (Omni), como músico invitado en la vientos.
La presentación de Cast fue muy sólida, destacando el aporte significativo de los noveles miembros, con la experiencia de Vidales y Francisco Hernández, los únicos dos integrantes originales de la formación original. "JerezCali" y clásicos como "In The light of Darkness" alcanzaron los puntos altos en el show de los locales, quienes se retiraron con el mejor de los premios: un estruendoso aplauso del respetable.
Alquilbencil, una de las nuevas apuestas de Musea, fueron los encargados de cerrar la primera noche. Precedidos de excelentes comentarios en las revistas especializadas, la banda española demostró su calidad, ya provada en su reciente trabajo "From Serengethi to Taklamakan" (2002).
El grupo catalán, compuesto por Carlos Rojo (guitarras), Richard Pons (Bajo), Alex Alguacil (Teclados), Oriol Jiménez (Saxo y voz) y Xavi Carbonell (batería), deleitó a la concurrencia con un rock progresivo fresco e innovador, donde se entremezclaron las líneas melódicas de los teclados y guitarras, con un envolvente trabajo de los vientos.
Un jueves de Cabeza...
Día jueves, Trespass de Israel hacía su aparición en el Centro de Convenciones del Araiza Inn. Había mucha expectación por ver a este power trío oriental y cómo no, ya con sus primeros acordes se pudo percibir el potencial de la banda integrada por Roy Bar-Tour (Bajo), Gabriel Weissmann (Batería) y Gil Stein (Teclados). Un trío de virtuosos músicos que intercalaban de manera perfecta sonoridades propias del sinfonismo de los años 70's con elementos jazz. Un gran descubrimiento.
Acto seguido apareció en escena Index, de Brasil otro grupo de cariz sinfónico (70's) que mostró un sólido repertorio, que se había hecho conocido en las esferas progresivas con la salida de su último disco "Liber Secundus". En la banda destaca la presencia de Jones Junior (Ex Quaterna Réquiem) en la guitarra y con Ronaldo Schetano, un excelente bajista que le imprime todo un sello a la música de Index..
El grupo interpreto piezas de su nuevo trabajo, así como de su primer álbum, todas ellas empapadas de un sonido delicado, al estilo italiano, con componentes de Barroco y música renacentista.
Un par de horas de descanso y nuevamente el llegar al Teatro del Estado se hacía una necesidad, Cabezas de Cera, una de las bandas más aplaudidas en la versión anterior, subía al escenario bajo una lluvia de aplausos. El trío mexiquense venía a confirmar con "Un segundo", su segunda placa, que estaba para cosas grandes. Y así fue. La banda de los hermanos Francisco y Mauricio Sotelo, y de Ramses Luna, se llevaron la jornada en algo más de una hora de brillante ejecución. Sus música, plagada de una infinidad de estilos musicales en constante progresión, fue un verdadera catarsis para quienes estuvimos presentes. Cabezas de Cera demostró que es un verdadero mosaico de sonoridades, música sin fronteras engalanada por el mérito de la libertad y la experimentación. Simplemente, ¡sorprendentes!
Tras la apoteósica presentación de Cabezas de Cera, el turno fue de Ricocher, un grupo de Holanda del cual se sabía muy poco, pese a que su disco "Cathedral of Emotions" había recibido numerosos comentarios en la prensa especializada. Definitivamente, no fue una buena noche para los tulipanes. Su Neo prog, del tipo clásico, no logró encender el alma del público. Tanto así que su presentación no fue más que eso, la ejecución tranquila de su repertorio sin mayor sorpresa.
Ankh de Polonia, que también vivía su segundo encuentro con el público de Mexicali, cerró la segunda jornada. Al igual que Ricocher, los polacos no gozaron del beneplácito del respetable, quizás motivado por la ausencia de su eximio violinista y ex miembro de la banda, Michal Jelonek, quien sí le imprimía todo un sello a la música de Ankh.
El grupo mostró cortes de su nuevo trabajo, más modern rock/techno, que progresivo y en el cual sumaron al tecladista Michal Pastuszka. Pese a la incorporación del teclado, Ankh se quedó in argumentos para convencer y su presentación sumamente plana pasó sin mayores comentarios.
Viernes, el gran día
El día viernes fue el día más esperado por todos. En el Araza Iinn, los chilenos de Entrance descargaban toda la potencia de su rock progresivo sinfónico, el cual denotaba una fuerte influencia de los 70's (Yes, Genesis, ELP), pero con una actitud completamente contemporánea.
El repertorio de Entrance incluyó básicamente los temas que dan vida a su segundo registro "En La Tierra", destacando las suites "Lobo Estepario", de 23 minutos, y "Vértigo", ambas composiciones encaminadas notablemente por el excelente tecladista Jaime Rosas, plagadas de energía, sinfonismo, armonías complejas y quiebres de ritmo, a lo que se sumó a la maciza presencia del vocalista Jaime Scalpello.
Tras un vistoso solo del baterista Alex Von Chrismar, el grupo abrochó una jornada redonda con una excelente versión de "Los Endos" de Genesis, que fue recibida con un cerrado aplauso por parte del público que repletó la sala y que exigió el encore. Entrance pasó a engrosar el capítulo de las gratas sorpresas de esta versión 2003.
Apenas unos minutos de descanso y los también sudamericanos de Pig Farm on the Moon ya estaban instalados en el escenario. Los venezolanos venían precedidos de la salida de su opera prima "Orbital", nuevamente la sala se inundó con una sonoridad sinfónica, algo más suave que Entrance, pero igualmente contundente. Un coqueteo permanente entre Neo Prog y sinfónico, sumado a buenos músicos, buen vocalista, permitió a PFOTM salir airoso de su presentación. No existía duda, jueves y viernes alcanzaron un nivel notable en los conciertos del Araiza Inn.
Tradicionalmente, el peak de Baja Prog se alcanza en el tercer día de conciertos en el Teatro del Estado (y en la sala del Araiza, por cierto). Y este año no fue la excepción. Magenta de Inglaterra tuvo la misión de abrir lo que sería la jornada más memorable de esta séptima versión. Con un sonido depurado, fino y extremadamente cautivante, mérito quizás de sólido trabajo del tecladista Rob Reed (ex Cyan) y de la bella voz de Christina María Booth, el sexteto inglés provocó la aprobación casi inmediata del público. El espíritu de Magenta no cabe duda que descansa en influencias de Genesis, Olfield y otros maestros de los años 70's, todo circunscrito en una propuesta de alta calidad y progresión. La banda mostró principalmente lo que es su trabajo "Revolutions". Excelente banda, excelentes músicos.
Los minutos corrían y se acercaba otro momento esperado, el segundo turno de la noche fue para Ange, la notable agrupación francesa liderada por Cristian Decamps y con 34 años de historia.
La intensidad de Ange quedó de manifiesto desde la primera nota, un sentimiento envolvente y teatral que dio vida al característico sonido progresivo galo.
La nueva alineación de Ange comprende también al hijo de Cristian, Tristan Decamps, también tecladista y dueño de un fabuloso registro vocal; Hassan Hadji (guitarras), Thierry Sidhoum (bajo), Hervé Rouyer (Batería) y la carismática Caroline Crozat, en voz. Justamente Caroline aporta toda un puesta de escena, dramática y envolvente.
Para el cierre, el retorno de una leyenda, Focus. Una banda emblemática del rock progresivo que en esta nueva etapa contempla sólo un miembro original: Thijs Van Leer. No obstante, debo decir que el nuevo guitarrista Jan Dumee, es un músico sorprendente. Jan posee un sentimiento en la ejecución que rememora la brillantez de Jan Akkerman, incluso a ratos, y aunque poseen estilos distintos, pareciera que el mítico guitarrista sigue presente. Misma altura alcanzaron Bobby Jacobs, el efectivo y preciso bajista y Bert Smaak, un baterista de lujo, que en definitiva conforman un nuevo Focus lleno de talento y calidez.
La banda tocó 3 piezas de su nuevo disco "Focus 8", en el cual todavía se aprecia lo erudito y memorable de su sonido, como para pensar que el grupo tiene mucho que entregar todavía. Van Leer, un verdadero maestro que logra extraer un sonido del Hammond inigualable, lleno de sentimiento y pasión.
Desafortunadamente, Thijs arribó a Mexicali padeciendo una parálisis facial que le impidió tocar flauta y silvar, de hecho tuvo que cambiar su flauta por una melódica. Sin embargo, Focus fue lejos lo mejor de Baja Prog 2003. Bastaron temas como "Iruption", "La catedral de Estrasburgo", "Sylvia" (qué tema!!!!), "Hocus Pocus" o "Focus 2" para recolocar a la banda en el sitial que merece: Un clásico.
PFM, historia de un minuto
French TV fue el encargado del cierre en el Hotel Araiza. Un grupo absolutamnete extravagante y divertido, que entre otras cosas, aportó el lado experimental del festival.
Liderados por Mike Sary, todo un personaje, la banda mostró parte de su extenso repertorio. Improvización, jazz, rock progresivo, etc, se entremezclaron con un sentido de humor, que es sin duda un componente escencial del la banda. Fue un buen epílogo para las citas en la Sala del Araiza.
Ya acomodados en el Teatro del Estado, el público esperaba ansioso por ver al estelar de este año. Como antesala, le tocó abrir al grupo español Amarok.
La música de los catalenes está fuertemente impregnada con la fusión y las sonoridades Folk, no obstante, en su show recalcaron su faceta progresiva, ejecutando de manera sobresaliente piezas de su nuevo trabajo "Mujer Luna". Los españoles se retiraron con una ovación.
Veinte minutos más tarde, y tras darnos el tiempo para las tradicionales compras en los stands de discos, subió al escenario Par Lindh Project, en esta ocasión como trío, ya que Magdalena, su vocalista, no pudo asistir por problemas de salud. El show también marcó el debut del nuevo baterista, Hans Bruniusson (Sammla), quien le dio toda una nueva faceta a la músca de Par Lindh.
Para la sorpresa de todos, la banda comenzó su actuación con "Night on bare mountain", del su clásico álbum "Gothic impressions", version de una pieza de Mussorgsky, que por cierto, suena impresionate.
En general, la presentación de los suecos, quienes basicamente hicieron un recorrido por sus temas más conocidos, fue bastante aceptable, destacando también la notable ejecucción de William Kopecky, en el bajo.
Tras un pequeño descanso, que a muchos se nos hizo eterno, el invitado de honor de este año apareció en escena: Premiata Forneria Marconi, la leyenda del rock progresivo italiano y mundial. La formación que incluyó a miembros originales como Franco Mussida (guitarra), Franz Di Cioccio (batería) y Flavio Premoli (teclados), además de Patrick Djivas (bajo) y Alessandro Bonetti (violín). Ciertamente, fue un instante mágico el ver a uno de los émbolos del rock progresivo en directo. Di Cioccio, con su energía inagotable de siempre; Premoli, con la brillantez de siempre en las teclas, y Mussida, con toda aquella pasión que saca de las cuerdas, sin olvidar el aporte sustantivo de Djivas, Bonnetti (Deus Ex Machina) y Roberto Gualdi, en las percusiones.
Su repertorio giró basicamente en torno a su material nuevo, cosa que desilusionó a muchos de los presentes, sin embargo, la calidad interpretativa de PFM quedó de manisfiesto. Aunque hay que reconocer que los italianos igual se dieron el tiempo de emocionar a los asistentes con clásicos como "Il banchetto", "Dove Cuando", "Dolcissima Maria", "La luna nuova", la siempre cautivante "Carrozza di Hans" o el caballito de batalla "Festa/Celebration".
Dos horas de concierto y Baja Prog VII cerró un nuevo capítulo con la sensación de satisfacción plena, tanto del público como de los organizadores. Luego la fiesta de despedida y las promesas de regresar el otro año al que es, sin duda, el mejor festival progresivo del planeta.
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 BAJA PROG 2003
Baja Prog 2003
por Josué Sosa

Después de un prolongado año de esperar la séptima edición del BAJA PROG, finalmente llegó el momento añorado, donde quienes estuvimos presentes podemos alzar la voz y perorar a los cuatro céfiros el inolvidable fin de semana que vivimos en el valle de Mexicali, que por un instante fue un armonioso pasaje sinonímico del Gan Edén. MAGENTA: Ya había escuchado anteriormente una extensa suite de este grupo neo prog inglés. Lo que había escuchado me había agradado (raro en mí, puesto que no soy un seguidor de esta corriente). Asimismo, algunos amigos me habían comentado que el grupo ofrecía música interesante, basados en cuatro largas suites de alrededor de 20 minutos respectivamente. Bien, (comentaba en el silencio)sentémonos y, tan pronto termine la presentación de la banda, hagamos un balance sobre el perfomance. Indudablemente, el grupo es una notable influencia del legendario Genesis; desde la escrutadora analogía del tecladista con Tony Banks, hasta por el manejo de los tiempos. Honestamente, el grupo tuvo momentos agradables, destacando los solos de teclados hasta la seductora voz de la intérprete (de enigmática hermosura. Pero (no pueden faltar los peros), debido a lo dilatado de los temas, llegaba el momento en que la música era repetitiva. Como comenté, cada rola duraba casi los 20 minutos, desde mi punto de vista un tiempo exagerado para un grupo de neo progresivo. Lo más ideal hubiese sido que los temas duraran 8 ó 10 minutos cada uno. Pero bueno, me gustó por momentos el grupo.
ANGE:
La magia de Ange se adueñó del festival. La juventud de los integrantes amparados con la imagen paterna del gran Decamps fueron una de las sensaciones máximas vividas en el Baja prog. La calidad escénica y musical de esta leyenda viviente del rock sinfónico teatral de Francia impuso respeto en la audiencia que, absortos por lo que veían y escuchaban, palmoteaban cada una de las extrañas melodías de esta monumental agrupación. Mis compinches y yo
ovacionábamos el melodrama sonoro. La excéntrica belleza de la cantante me subyugó por completo. Infortunadamente soy pésimo para reconocer con exactitud los temas. Sin embargo, tocaron canciones de sus álbumes Le Cimetière des Arlequins, Caricatures, entre otros más. Desconocía que el hijo de
Decamps fuera el tecladista. Éste, por cierto, ejecutó un solo impactante; y no me refiero a un solo de velocidad, sino en el concepto: un dramático diálogo entre su voz y los teclados. Sin duda alguna, ANGE fue, insospechadamente, el grupo que tuvo mayor correspondencia con el público entusiasta.
FOCUS:
Uno de los errores que noto en el Festival es que el último grupo del día toque hasta altas horas de la noche. Lo mismo le sucedió a Focus, quienes irrumpieron en escena como a eso de las 12 de la madrugada. Además, la música de Focus es mucho más tranquila que la hecha por Ange, por lo que, desde mi punto de vista, lo más idóneo hubiese sido que los galos cerraran, y no Focus. Pero bueno, ése es otro cantar. Vi a un Thijs Van un tanto golpeado por la edad, pero no así golpeado de su talento. Aunque me quedé con ganas de escucharle con la flauta, su ejecución con ese órgano analógico fue fascinante. Los músicos jóvenes que le acompañan son excelentes ejecutantes. La verdad no se extrañó mucho la guitarra de Akkerman. Tocaron un significativo fragmento de "Eruption", así como la bella "Silvia", quien me sacó unas lágrimas, las cuales escurrían por todo el pasillo. Debido al relajado repertorio que tocaron, un grupo de personas abandonó el recinto antes que terminara la función. Al final de cuentas, la actuación de Focus fue memorable. Me hubiera gustado que hubieran tocado temas más movidos.
AMAROK:
Un grupo español, de corte folk agradable. Esta banda incluye a dos lindas niñas catalanas. Una de ellas canta, la otra toca el clarinete. Al final, ejecutaron alegremente el tema "E Festa" de la PFM, para beneplácito de los presentes. A muchos les gustó, a muchos otros no. A mí me agradaron algunas canciones, no todas.
PAR LIND PROJECT:
A decir de muchos, este virtuoso tecladista tiene grandes méritos como instrumentista, pero en palabras de otros tantos más, la notoria devoción que siente hacia Keith Emerson le veda notablemente su propia capacidad compositiva. Personalmente gusto de la música de este artista sueco, quien ejecutó la emersoniana versión de "Romeo and Juliet". Aunque no hubo Encore, la presentación fue buena, ágil y muy progresiva. En esta ocasión, el nórdico se acompañó del bajista de Kopeky, y del ex baterista de Zamla... Démosle vuelta a la hoja...
PREMIATA FORNERIA MARCONI:
Desde un principio barrunté problemas. En tanto, ya tenía lista mi grabadora, que memorizaría la actuación del icono del rock italiano. Iniciaron con "River of fire" (yo hubiese preferido Appena un po'), la cual ejecutaron bellísimamente bien, destacando ese soberano y romántico sintetizador de Premoli, así como la guitarra de Mussida. Posteriormente vino "Photos of ghost", cautivante versión, que incluyó al violinista de Deux Ex Machina, quien nos hizo recordar a
Mauro Pagani por su sagaz ejecución. Luego Franz Di Cioccio dejó las baquetas y tomó el micrófono para interpretar algunos temas del álbum Suonare Suonare como Maestro della voce. Tocaron en intervalos temas del Storia Di Un Minuto de una manera pulcra y refinada. No obstante, como apunté al inicio de este capítulo, vislumbraba problemas. Y el problema fue que la guitarra de Mussida, que no respondía. Hubo luego una interrupción de más de 15
minutos, lo cual causó una mezcla de irritación y mofa en algunos de los presentes. Parecía que el evento terminaba, pero esas fallas técnicas fueron solucionadas y el grupo regresó a ejecutar en su forma más sublime los temas Impressioni di Settembre y E' festa, con los que cerraron un capítulo más del magno festival. No faltaron las comparaciones de que si qué banda se había llevado el festival, ya que algunos decían que Ange y otros que PFM. De lo que tengo duda es del enorme esfuerzo que hacen los organizadores para llevar a cabo este evento. ¿Las sorpresas para el año siguiente?
Pues el grupo más extraordinario de Francia. Y el segundo grupo más afamado de Italia (el que falta de los 4 grandes)
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